El sueño es responsable de consolidar la memoria y el aprendizaje. A largo plazo, un sueño saludable puede contribuir a la prevención de enfermedades neurodegenerativas como el Alzhéimer.

Sueño y Alzhéimer: dormir bien para proteger la memoria

El descanso saludable no sólo tiene un efecto rejuvenecedor y revitalizador, sino que la calidad del sueño continuada puede condicionar nuestra salud a largo plazo. Una de sus funciones principales es la restauración de la memoria, por lo que los buenos hábitos de sueño pueden ayudar a prevenir el Alzhéimer.

La investigación científica ha vinculado la mala calidad del sueño con un mayor riesgo de acumular placas de proteína beta-amiloide en el cerebro, causantes de los síntomas del Alzhéimer.
 

¿Cómo ocurre el Alzhéimer?

Las proteínas beta-amiloides se acumulan diariamente en el cerebro. Se consideran un producto residuo de la energía que emplean las células cerebrales al comunicarse. El cerebro elimina los excesos de proteínas amiloides durante el sueño de ondas lentas (la tercera fase del sueño NO-REM, en la cual se consolidan nuevos recuerdos y se mejora la memoria declarativa). La investigación sugiere que, cuando la fase de ondas lentas se interrumpe, las proteínas amiloides se acumulan y forman placas en los tejidos del cerebro. Se cree que esta es la primera fase del Alzhéimer y puede ocurrir años antes de que aparezcan los síntomas.

Igual que en otras enfermedades, la relación entre sueño y placas amiloides puede ser un círculo vicioso. Cuanta más proteína amiloide se acumula, conciliar el sueño es más difícil; y cuanto menor es la calidad del sueño, más placas amiloides se acumulan, puesto que el cerebro tiene menos tiempo para eliminarlas.
 

Factores de riesgo

No se conoce una causa concreta de la aparición del Alzhéimer, pero se han identificado factores de riesgo, como la genética (pese a no ser hereditaria), la edad, la nutrición, el sueño y el estilo de vida. Aunque no se ha demostrado que el sueño por sí solo pueda evitar el Alzhéimer, sí existe suficiente evidencia científica para afirmar que constituye una parte importante de la prevención, junto al ejercicio aeróbico, el ejercicio cognitivo y una dieta saludable, libre de azúcares.
 

El sueño como prevención

El Dr. Dickerson, profesor asociado de neurología en la Harvard Medical School, explica que, hasta que se conozca más acerca de la enfermedad, la mejor forma de encarar los síntomas y la prevención es prestar atención a problemas del sueño como el insomnio, la apnea del sueño y la nocturia (despertarse repetidas veces para ir al baño). Si se padece alguno de estos problemas, es importante detectar la causa para solucionarlo lo antes posible. Un sueño saludable mantenido a lo largo del tiempo puede proteger el bienestar anímico, la memoria, el corazón y otros órganos, además de ayudar a prevenir o gestionar otras enfermedades neuronales, como la demencia y el Parkinson.
 

 

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