Nuestra flora intestinal sincroniza su ritmo circadiano con el nuestro, y podría influir en una función tan primordial como el sueño.

El sueño y la flora bacteriana
Dr. Ivan Erill – Department of Biological Sciences – University of Maryland Baltimore County (UMBC)

Las bacterias son el organismo más numeroso y fecundo del planeta. Las encontramos en todos los recovecos de nuestro cuerpo, en cualquier superficie no estéril, en las profundidades del océano, en las nubes y a kilómetros bajo el suelo. Los avances en bioinformática y tecnologías de secuenciación del DNA, que nos permiten leer la secuencia de letras bioquímicas (o genoma) que define cada organismo, han permitido en los últimos años realizar estudios impensables hasta hace muy poco. Los estudios metagenómicos analizan fragmentos de DNA de cualquier especie presente en una muestra, sin necesidad de cultivo previo. Como si de un nuevo microscopio se tratara, la metagenómica ha permitido a los científicos descubrir centenares de especies bacterianas nuevas y detectar diversidad de bacterias en los lugares más insospechados.

Más allá de los descubrimientos curiosos, la metagenómica ha permitido por vez primera analizar de forma sistemática la flora bacteriana (o microbioma) de nuestro cuerpo, dando lugar a una retahíla de hallazgos que han puesto de manifiesto que las bacterias que viven en nosotros contribuyen a modular muchas de nuestras funciones vitales. Aunque las causas aún se debaten, se han encontrado correlaciones muy claras entre la diversidad y el tipo de bacterias intestinales y patologías como la diabetes, la obesidad o el asma. Es más, también se ha demostrado que la diversidad y composición de nuestra flora bacteriana tiene efectos sobre el sistema nervioso central (y viceversa), y todo parece indicar que nuestro microbioma puede estar implicado en enfermedades como el Alzheimer, el autismo o la depresión.

En este contexto, no es de extrañar que algunos investigadores hayan empezado a preguntarse si la flora bacteriana puede tener efectos en una función tan importante como nuestro sueño (y viceversa). Estos estudios han demostrado que nuestra flora intestinal sincroniza su ritmo circadiano con el nuestro, que alteraciones del sueño como el jet-lag perturban el microbioma y que, a su vez, el metabolismo de la flora intestinal es capaz de modular nuestro ritmo circadiano. También se ha visto que la apnea obstructiva del sueño y la privación de sueño alteran la flora bacteriana, con consecuencias diversas para nuestro cuerpo. Y aunque aún es muy pronto para sacar conclusiones, todo parece indicar que cuidar a nuestro estómago ayuda a cuidar nuestro sueño (¡y viceversa!).

 

 

Para saber más:

Joël Doré, Magnus Simrén, Lisa Buttle and Francisco Guarner - Hot topics in gut microbiota - United European Gastroenterol J. 2013 Oct; 1(5): 311–318. doi:10.1177/2050640613502477.

Valeriy A. Poroyko, Alba Carreras, Abdelnaby Khalyfa, Ahamed A. Khalyfa, Vanessa Leone, Eduard Peris, Isaac Almendros, Alex Gileles-Hillel, Zhuanhong Qiao, Nathaniel Hubert, Ramon Farré, Eugene B. Chang & David Gozal - Chronic Sleep Disruption Alters Gut Microbiota, Induces Systemic and Adipose Tissue Inflammation and Insulin Resistance in Mice - Scientific Reports 6-35405 (2016). doi:10.1038/srep35405.

Christian Benedict, Heike Vogel, Wenke Jonas, Anni Woting, Michael Blaut, Annette Schürmann and Jonathan Cedernaes - Gut microbiota and glucometabolic alterations in response to recurrent partial sleep deprivation in normal-weight young individuals - Mol Metab. 12:1175–1186. (2016) doi:10.1016/j.molmet.2016.10.003.

Michael J. Breus - Unlocking the Sleep-Gut ConnectionThe Huffington Post

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